De pausas laborales e interiorizaciones erróneas

junio 22, 2016 § 14 comentarios

Aso01
Hice pausa laboral con mi primera maternidad y con la siguiente también. Y fue tiempo de aprendizaje, de apretrarse el cinturón y de descubrir mundos nuevos. Hace mes y medio me reincorporé a la jornada completa. Desde hace más de un año venía haciendo trabajitos que no acababan de cuajar pero ahora vuelvo a la carga fulltime. Y en esta situación, rescatar y editar un post que escribí en la fase anterior… se me hace extraño.

Es como tener una conversación con mi yo desfasado. Un yo que parecía muy alejado del yo actual, que vuelve a parecerse al de antaño pero que no deja de ser el mismo yo. ¡Eh! Una versión actualizada y mejorada de aquella chavala desmelenada y con chupa de cuero negro. Ahora ya sin melena y sin chupa.

A mí (como a tantas) me criaron para ser una profesional, económicamente independiente y tal y cual. Y digo me criaron porque esto no va de lo que aprendí, sino de lo que me enseñaron. Profesional e independiente hasta que, pequeño detalle que nadie te cuenta: el día que tienes a tu primer hijo, resulta que alguien tiene que cuidarlo, y que allí no hay nadie más que tú y (con suerte) tu pareja.

Aviso: Voy a generalizar, que ya sabemos que siempre hay personas que viven otras realidades, pero lo que yo veo a mi alrededor es la siguiente situación repetida hasta el aburrimiento: Trabajan los dos. Uno gana más dinero que el otro (adivinen cuál de los dos). Efectivamente, habitualmente, gana más el que ni se embaraza, ni puede dar el pecho. Así que, blanco y en botella. Si no hay abuelos a mano de los que tirar, la conclusión es rápida y obvia:

Ella se queda en casa con el retoño. Y lo hace por amor.

Lo hace con ilusión, con cariño y, por supuesto, sin pensar que en según qué circunstancias puede llegar a convertirse en una decisión difícil de revertir (que no imposible, amigas).

Nos rasgamos las vestiduras cuando en un libro se nos dice que aprendamos a ser sumisas para ser felices (yo la primera). Pero por lo menos son honestos y nos lo dicen a la cara porque, de hecho, eso es lo que la sociedad parece esperar de nosotras. En silencio y sin grandes aspavientos, las cosas acaban cayendo por su propio peso.

Se nos decía: “Mira por ti. Si no lo haces tú, no lo hará nadie”. Y lo cierto es que esta frase llega a pesar mucho. Porque más que generar confianza en una misma, puede llegar a generar desconfianza en el otro. Pienso que la confianza es necesaria para la supervivencia. Creo que nos lo contaron mal. Lo del autoabastecimiento y la autosuficiencia es mentira. Necesitamos a la comunidad, al grupo, a la familia, al equipo, la pareja, la vecina… Llámalo como quieras. El caso es que solos se nos hace cuesta arriba.

A veces me pregunto ¿cómo sería eso de hacer voto de silencio? Dejar de hablar. Meterme a monja budista. Erradicar el deseo. El deseo de ser algo más que madre y esposa. El deseo de desarrollar mi potencial por otros flancos. El deseo de poder organizar unas mini-vacaciones familiares sorpresa, con pasta que yo pongo sobre la mesa. Y ese deseo de “ser algo más que madre de esos niños” (como eso si fuera poco) oprime de tal modo, que a veces hasta lo más bonito duele.

Creo que me iría mejor en la vida, si el lema hubiera sido otro. En lugar del “mira por ti, si no nadie lo hará” podría haber interiorizado el valor del equipo. “Mira por los tuyos”. Con la confianza de que “los míos”, habiendo interiorizado también el mensaje, mirarán por mí. Porque no nos engañemos: uno necesita sentirse a salvo.

Si el mensaje hubiese sido: “Da igual lo que hagas, hazlo con amor, da lo mejor de ti y hazlo POR y PARA los demás.”

Si hubiera grabado en mi alma palabras como:

“Olvídate de ti. Entrégate”

“No temas la pérdida. Convive con ella. La vida es cambio. El cambio es pérdida. La pérdida te aligera.”

“No temas. Sólo confía… Recuerda que estás de paso.

Aún reconociendo que los momentos más felices han sido los momentos en que más he confiado, me cuesta horrores dejar mi vida al azar y confiar… sin más. Si yo lograra pensar así, liberada de agobios existenciales, sería todo mucho más llevadero. Para lograrlo, tengo que forzar esa confianza total. Soltarme. No aferrarme a falsas ramas de salvación.

Dejarme caer y confiar en que ahí abajo, habrá algo blandito… o no, mejor todavía, confiar en que mis alas desplumadas serán capaces de remontar el vuelo, siempre y en cualquier momento.

Confiar… y remontar el vuelo.

 

Hola, pasaba por aquí

mayo 31, 2016 § 12 comentarios

#raps #rapsfeld #ig_deutschland #bayern #lifeinthecountryside

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No. Es mentira. No pasaba por aquí. En realidad vine adrede. Me apetecía decir hola, que últimamente lo hago poco por este blog.

En realidad lo habría podido titular “hay novedades” por que haberlas, las hay. Y no. No estoy embarazada. Y no. No estoy menopáusica. Creo. Soy madre de una preadolescente de 11 y de un adolescente de 4. Confirmado. Y logré estar 7 días sin enfadarme ( a la fuerza claro, que era un reto autoimpuesto).

En realidad, las novedades van más por lo profesional que por lo personal. ¡Que ya tocaba! No se si sabéis que llevo más de medio año trabajando a tiempo parcial como guía turística en Múnich y alrededores. Pues bien, desde hace un mes, a eso podemos añadirle otra jornada parcial en un despacho de arquitectura. Sí. Soy consciente de las veces que he dicho que no volvería… pero, ya lo he comentado en alguna ocasión, al final resulta difícil escapar a tu pasado (porque no será que no lo he intentado veces).

Bueno, esto se ha dado así y he decidido no rebelarme a la casualidad. No ofrecer resistencia. Go with the flow… y dejarme llevar para ver qué pasa.

Así que ahora, tendré que compaginar la escritura con dos trabajos a media jornada que, ¡me dan más trabajo que uno solo a jornada completa! porque ambos requieren formación. No doy abasto pero he decidido no agobiarme. No voy a pensar en todo aquello que no se / no puedo hacer / no conozco, sino que voy a concentrarme, precisamente, en aquello que sí sé /sí puedo hacer / sí conozco.

He trabajado en muchas cosas distintas y, curiosamente, la que siempre me ha dado mas respeto es aquella para la que me formé. Qué extraño. Hoy, leyendo a James Altucher, me he topado con algo que me ha hecho pensar.

The second you start to think something, anything, is IMPORTANT, then your ego will suffer and so will your work.

Osea (traducción casera) en el momento en que empiezas a pensar que algo es IMPORTANTE, lo que sea, tu ego sufrirá y con él sufrirá tu obra/tu trabajo. Gracias, James, por este pensamiento. Es revelador.

En realidad, no es que haya cambiado mi percepción de las cosas pero sí ilustra como las estoy viviendo esta vez. En los dos trabajos tengo un montón de cosas que mejorar y aprender pero lo cierto es, que uno me hace relativizar el otro. Me hace restarle importancia y, me doy cuenta de que, en ese estado rindo más. Trabajo mejor. En realidad, esto es algo que he hecho siempre. He realizado los trabajos más diversos. En todos empecé sin experiencia y en todos llegué a disfrutar y a sentir que ofrecía, a mi manera, un buen servicio. En todos excepto en uno. ¿El único que me importaba? ¿Falta de vocación o exceso de respeto?

¿No es absurdo? ¿No es absurdo sentir que donde peor performas es en aquello que, supuestamente, más te interesa? Y digo supuestamente porque hace tiempo que me desprendí de la certeza. Es como que los otros trabajos suponen una liberación. Te liberan del lastre de no ser todo lo bueno que quisieras en aquello otro que un día elegiste. En los otros, pones el listón más abajo. Tienes menos expectativas y, tal vez por eso, acabas pudiendo disfrutar de esas tareas. Las realizas sin presión y eso mismo, esa tranquilidad y el trabajo continuado, te hacen cada día un poquito mejor. ¡Que Roma no se hizo en un día!

Bueno, no sé cómo seguirá este capítulo. En realidad, yo solo venía a decir hola. Y para que no se diga que largo el rollo sin más. Aquí os dejo un par de reflexiones post-vacacionales porque estamos locos cargándonos lo más sagrado y, porque aunque te digan lo contrario, Mickey Mouse es mala gente.😉

¡Un besito y buenas noches!

Fotos para el currículum

marzo 1, 2016 § 10 comentarios

El otro día hice un vídeo acerca de lo mucho que me irrita el rollo este “Pim, pam, pum! Encuentra tu pasión ya.

Hoy, siguiendo en la línea de la reorientación profesional que me absorbe la energía estos días, una reflexión peregrina entorno a las imágenes que insertamos en nuestro currículum. Esas imágenes asépticas y estereotipadas, que a menudo no nos representan. El problema no es lo que dicen acerca de quiénes somos sino… ¡todo aquello que NO muestran!

Tal vez, prestando atención a “esas otras imágenes”, las NO APTAS para currículum, extraeremos información valiosa para nuestra reorientación profesional.

A ver si me explico.

Lo prometido es deuda

febrero 16, 2016 § 12 comentarios

El otro día arranqué (con no poca vergüenza) mi canal en Youtube. Me costó taaaanto preparar el vídeo de presentación que, al final, me salté ese paso protocolario y entré al trapo, directamente a largaros el rollo. Prometí volver otro día a presentarme (qué valor) así que… ahí voy.

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La vieja que quiero ser

febrero 15, 2016 § 15 comentarios

¿Y entonces? ¿Dices que hacerse mayor es esto?

¿Hacerse mayor es tener hijos a los que gritar “me vais a volver locaaa”? ¿Es mirarte al espejo y ser espectadora de tu declive? ¿Es admitir que esos pelos blancos son tuyos y de nada sirve luchar contra ellos?

¿Es hacerse mayor hablar con otras personas mayores de lo mucho mejor que era todo antes? ¿Del timo que es la vida? ¿De nuestras expectativas frustradas?

¿Hacerse mayor es dejar de salir a correr? ¿Es no tomarse un vino porque interfiere con la medicación? ¿Es dejar de bailar los sábados hasta el amanecer? Entonces de los viernes y los jueves ya ni hablamos…

No. No puede ser. Eso NO es hacerse mayor. Eso es envejecer.

Hacerse mayor es otra cosa

Hacerse mayor es hacerse más grande. Hacerse más grande es crecer. Crecer es mejorar. Es observar tu declive ante el espejo y saber dar gracias por seguir ahí ¡para verlo! Es ver belleza en ese cambio. Es cabalgar a lomos de tu seguridad recién conquistada por playas de arena blanca o por lomas verdes… o por suelos áridos. Da igual. El caso es seguir cabalgando.

Sentir el viento en tu pelo, aunque escasee. Sentir que el calor del sol se mete entre los pliegues de tu piel… Los pliegues que conservan resquicios de tu historia. Sentir que hoy eres más grande que ayer, porque dejas tus miedos atrás. Porque tus temores se alejan pequeños en el horizonte.

Un par de mudas, un par de amigas y una bolsa de magdalenas. Eso… y cientos de historias que contar. Así es como me imagino yo en mi vejez: Contando batallitas a quien las quiera escuchar.

Sorprendiéndome cada día de las nuevas tecnologías, de las habilidades de mis nietos, de las nuevas canas de mis hijos… Feliz de ver que todo lo hacen mejor que yo.

Feliz de ver que vamos hacia adelante, que construyen un mundo mejor del que les dejamos.

Quiero ser una vieja feliz. Desdentada pero sonriente.

Fundaré el Club de la Magdalena

Y me sentaré a tomar té con pastas con mi pandi de viejales. Quiero ser traviesa y tomarme un cognac para que me suba la tensión (o me la baje) o me arregle lo que sea que me duela.

Quiero ser una vieja de risa fácil. Bien arrugada, de manitas huesudas y preguntona. Pero preguntona pesada no. Preguntona de interesarme por los demás: por lo que hacen, por lo que logran, por lo que sueñan… Incluso acepto una berruga en la nariz de la que el resto de brujis hará broma. Quiero recordar viejos chistes y aprender nuevas guasas. Quiero entender la vida de los jóvenes y ser capaz de mirarla sin nostalgias… Feliz con lo que fui.

Quiero una vejez de farándula.

Quiero ir a discotecas para abueletes. Quiero darlo todo hasta el ocaso, hasta que me rompa. No quiero sentarme en una silla a esperar la muerte. Quiero salir a pasear cada día, aunque me cueste la vida. Aunque corra el riesgo de resfriarme. Aunque lo desaconseje el cardiólogo de turno. Para qué voy a guardarme el corazón. ¿Para morirme luego sentada ante la tele? No. Quiero morirme sintiendo que viví todo lo que tenía que vivir, como pude, como supe, como me dio la gana y que, después de todo, no salió tan mal.

Paris

febrero 8, 2016 § 2 comentarios

La semana pasada… Mentira. ¡Hace casi dos años! OMG! estoy rescatando un borrador que quedó aparcado desde abril de 2014! Soy lo peor!!

Hace casi dos años, estuve en la ciudad de la luz visitando a mi hermana/cuñado y conocer a mi preciosa sobrina. Quería currarme un post parisino así que, después de que Laura nos paseara por el subsuelo de la urbe y Remorada no elevara para mostrárnosla desde las alturas, este tenía que ser mi pequeño aporte al tema y mi giro diabólico para llevarme a Paris al huerto.

Encariñada como estoy con mi recién estrenada (ejem… 2014!) serie mitológica y bajo los evidentes efectos de la primavera (recordemos que estoy escribiendo en abril de 2014) no podía ser de otro modo. Hoy toca: Paris.

Helene Paris David

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Mi soledad y yo

febrero 7, 2016 § 7 comentarios

Mi soledad y yo nos llevamos bien.

Desde que la descubrí allá en el oriente lejano, nunca más quise desprenderme de ella.

Lejos del mar pero con fantásticos lagos a tiro de piedra. 😊

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Me ha regalado momentos de lucidez y decisiones fundamentales en mi vida. Hay tanto ruido ahí fuera. Tantas opiniones, que a veces resulta dificil escuchar el sentir propio.

Parece que hoy en día, en tiempos de intercomunicación extrema, en que no solo estás conectado con la gente que conoces sino con la que no conoces y vas a conocer a traves de esa interconexión, la soledad esta muy desvalorizada y hasta pasada de moda.

La soledad se trata prácticamente como si fuera una enfermedad, algo que hay que vencer o corregir. Hay que salir a la calle a hacer amigos pero… ¿y si eso no fuera todo? ¿y si la soledad proporcionara beneficios? Como todas las cosas, en su justa medida (a cada cual le toca encontrar la suya) puede ser beneficiosa.

En su justa medida y, por supuesto, elegida libremente. Una condena al ostracismo no le apetece a nadie pero… retirarse un rato, alejarse del mundanal ruido para estar a solas, a mí me ha hecho (y me sigue haciendo) mucho bien. Es el único modo de escuchar tus intuiciones con calma, lejos de prejuicios ajenos. A solas con los tuyos propios que son más que suficientes para joder el plan.

Cuando viajas por tu cuenta o ves una peli a solas percibes mas detalles (Obvio. A menos distracción, mas percepción) pero tambien retienes más datos en tu memoria… el saber que si no lo recuerdas tú, nadie más lo hará por ti y caerá en el olvido te hace probablemente avivar tu capacidad de almacenamiento (que en mi caso es bien poca). Esa es una vieja intuición constatada hace poco por estudios sobre la soledad.

Creo que una de las cosas que se pierden de golpe y porrazo con la maternidad es esa soledad. Ese estar contigo a solas. Claro que tendrás momentos a solas pero terminarán abruptamente con el despertar de tu bebe. Creo que a mí en alguna ocasión me ha faltado eso. Ese poder pasear por mi soledad hasta que me plazca y salir de ella cuando siento que ha sido suficiente. La soledad. Un camino por el que transitar a ratos.

No pasa nada por no estar en todas partes. No pasa nada por perderse un acontecimiento, no pasa nada… En todo caso, nada malo.

Con el tiempo se logra recuperar pero no es algo que suceda de forma natural si uno no lo busca y no puedes buscar lo que no eres consciente que te falta…

Me encanta pasar ratos a solas.

En realidad no estoy sola del todo. Estoy con un libro, ante la pantalla del ordenador, sentada en un tren… solo ellos, mis manos y mis pensamientos. Y divago… divago y divago. Sueño despierta sueños que mi yo consciente descartará implacable pero mientras los sueño me siento libre y capaz de casi todo. Lo hice mucho en mi adolescencia.

Mi juventud estuvo repleta de amistades y actividades. Diversión, risas pero poca intropección. Y la eché de menos sin saberlo. Cuando la recuperé, fue como pasear descalza bajo una la lluvia cálida que te cala sin incomodarte. La soledad es un lugar en que estar a gusto. Un lugar en que nada te falta. Esa época, que viví en una casa que ya no existe, fue la más gratificante. La más liberadora.

Fue la época en que menos cosas tenía y en la que menos necesidades sentí. Estaba en posesión de mi ser por fin. Sin anhelos que pospusieran mi felicidad. Era feliz in situ. Curiosamente, fue en ese momento en que no echaba de menos a nadie a mi lado el momento en que apareció mi corazón (cabroncete, con el que hoy me he peleado, no vayáis a pensar que esto es novela rosa, somos de carne y hueso. Tan imperfectos como verdaderos).

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