Crisálida #AZdelaMaternidad
noviembre 7, 2013 § 22 comentarios
Hoy he decidido dejar mi caos a un lado y ponerme en plan amante de la naturaleza para mostraros mi faceta de insecto.
Si mi hijo es SpiderMAN y Trimadre SpiderMOM yo me declaro, por la presente, OruguiWOMAN. Peluda todavía lo soy, oruguita ya no. Ya no, porque sufrí un proceso de metamorfosis que me convirtió en MARImadre. Y es que, el día que nació mi primera hija pasé por una experiencia tan traumática y salvajemente dolorosa que pedí morir. Lo pedí a gritos. Que me mataran para ponerle fin a tal agonía. Cuando por fin la arrancaron de mi vientre a tirones y empujones nació, la vi y me percaté de dos hechos fascinantes: 1. ella me estaba mirando con cara de «y ahora qué» y 2. yo seguía viva. En ese instante, me sentí tan agradecida de poder seguir ahí para ver lo que estaba viendo a la vez que lo que veía me veía a mí, que poco me importaba que esa nena fuera a cambiar todos mis biorritmos, mis horarios y demás. La experiencia fue cercana a la muerte pero se me regaló el renacer. Renací convertida en madre. No tenía ni flores de lo que vendría a continuación pero la metamorfosis se había producido y aunque mis alas todavía estaban arrugadillas, eran las que tendrían que llevarnos volando a casa.
La metáfora de turno
El término crisálida es suculento y puede encerrar mil metáforas pero el otro día me topé con un post, «Sometimes Struggle Is What We Need», que contiene una historia que me conmovió. Dice (más o menos) así:
«Un hombre encontró una crisálida de mariposa y se puso a observarla, atentamente, con intención de estudiarla. Un día apareció una pequeña abertura en el extremo de la crisálida. Se sentó y observó durante horas, mientras la mariposa se esforzaba por hacer salir su cuerpo por ese agujero tan pequeñito. En un momento dado, la escena se detuvo. Parecía que no se iba a producir ningún progreso. Daba la sensación de haber llegado a un punto muerto. El hombre decidió ayudar a la mariposa a terminar de salir. Sacó unas tijeras diminutas y, con sumo cuidado, abrió lo que quedaba del capullo. La mariposa salió con facilidad. Sin embargo, su cuerpo estaba hinchado y sus alas secas.
El hombre siguió observándola porque pensaba que, en cualquier momento, las alas se expandirían lo suficiente como para poder soportar el cuerpo y que éste se contraería con el tiempo. Desafortunadamente, ni lo uno ni lo otro sucedió. De hecho, la mariposa pasó el resto de su corta vida arrastrándose hinchada y con las alas secas hasta que murió. Lo que el buen hombre no llegó a comprender era que la opresión que ejercía el capullo sobre la mariposa y su lucha por salir de él era lo previsto para conseguir que los fluidos acumulados en su cuerpo se distribuyeran hacia las alas, lo cual le permitiría volar una vez liberada de la crisálida. Así pues, lo que quiso ser un acto de piedad supuso, en definitiva, la muerte la mariposa.» – Autor Desconocido.
Yo no he hecho más que traducirla. Lástima no poder darle el crédito que merece al autor de tan bella fábula.
Esa opresión contra la que lucha es, a la vez, la que le da la vida. Igual que las paredes del útero oprimen al bebé para que expulse fluidos del pulmón y pueda llenarlos de aire, gritos y risas, las partes oprimentes de la maternidad nos preparan para afrontar el siguiente capítulo. Así pues: Bienvenidas sean las dificultades, que no vienen para quedarse sino para hacernos más fuertes.
Supongo que este relato podría dar pie a muchos temas. Podríamos hablar del intervencionismo imperante o sobre cuestiones relativas a la crianza, la educación o la sanidad (con partos excesiva y, a veces, peligrosamente medicalizados) pero hoy me limito a hablar de esa profunda transformación sentida en mis propias carnes.
Pero ¿cómo? entonces, ¿tú ya no eres tú?
Claro que soy yo. Qué tontería. El cambio es evolución, es progreso. ¿Acaso la mariposa ya no es oruga? Pues no, ya no… mmm… pero la lleva dentro. Lleva incrustado en su ser, digo yo, los recuerdos de cuando se arrastraba por tierra y comía hojas. La primera sigue implícita en la segunda y la niña que fui vive dentro de la madre que soy. De hecho, la «metamorfosis» que me convirtió en mamá, ha traído un montón de imágenes de mi infancia a mi memoria. Capítulos totalmente olvidados han tomado vida de nuevo. Imágenes que no creía conservar. La niñez de mis hijos me devuelve a diario la mía propia. Un extraño fenómeno de actualización de recuerdos.
Volviendo al tema de la lucha, tanto a nivel personal como profesional, he observado que las situaciones incómodas, las que me superan, las que hacen brotar todas mis inseguridades son las que, de un modo u otro, me hacen avanzar. Así que más me vale aceptarlas, embestirlas y resolverlas de la mejor manera posible. Intentaré retener esta historia y recordarla en esos momentos en que me empeño en «ayudar» a mis hijos facilitándoles la existencia o ahorrándoles situaciones incómodas o embarazosas. MAL. Ya que probablemente sean esas situaciones, precisamente, las que más les ayuden a superarse, aprender y crecer. Lo de siempre ¿Protegerlos o prepararlos para la vida? ¿Dónde trazas la línea? ¿Hasta dónde es protección sana y cuándo empieza a ser contraproducente? Qué difícil es hacer las cosas bien.
Mi moraleja improvisada
Lo que está claro es que de tu crisálida has de salir tú solo y que, a veces, las ayudas pueden llegar a resultar contraproducentes. No hay atajo que valga. Hay que saltar y empaparse, sin miedo al fracaso, porque es la lucha en sí misma, y no la consecución del objetivo, lo que te hace crecer. O, en palabras de Miley, «It’s the climb».
“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta. El objetivo es crear en red, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más. Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.
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Aquí el resto de contribuciones de esta semana:
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Etiquetado:azdelamaternidad, consecución de objetivos, crecimiento, lucha, maternidad, metamorfosis, transformación

me ha encantado cómo has ido avanzando….La crisálida, sí, debemos abandonarla solos, pero a veces es tan difícil saber cómo, para poder tomar la decisión de en qué te quieres convertir, que te sientes como que vas de crisálida en crisálida sin salir del todo…..hasta que llegas.
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🙂 Pues sí… Es muy difícil. Yo estoy todavía tratando de decidir lo que quiero ser de mayor…
Me gusta mucho lo del «hasta que llegas!» Tiene una carga positiva implícita brutal! Veo que el estampao escocés da soporte positivo a tus elucubraciones. No lo quites jamás!!
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Qué sabia eres Nuria. Muchas gracias por esta C!! 🙂
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Pues tú más, Paula. Tú sí que sabes!! Gracias por aguantarme el rollo de esta C y de tantas otras por otros canales!! 😉
:-*
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Hola, acabo de conocerte, ohhhh, lo que me estaba perdiendo. Me gusta tu contribución al diccionario, bella palabra. Y bella la fábula que has traducido genialmente, yo en ese momento pensaba, como has dicho, en las cesáreas innecesarias y en las inducciones de partos antes de tiempo.
Mi enhorabuena por tu letra
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Dianaaaa, que nooo, que no te has perdido nada porque acabo de empezar pero te agradezco un montón el comentario!!
Justamente, me refería a lo que tú mencionas: a ese intervencionismo imperante que tiene vertientes un tanto peligrosas, a mi humilde entender. Yo hablo de lo visto, leído y vivido, por supuesto, cada cual desde su perspectiva lo verá diferente.
Un abrazo y hasta la próxima! 🙂
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Vaya metáfora!!!! Me ha encantado esa comparación de la maternidad con la crisálida!!!!
Genial reflexión!!!
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¡¡Me alegra que te gustara!! Gracias por leerme 🙂
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Nuria!!! Te saliste con este AZ… Me encantó de principio a fin. Bordada. Y me sentí muy identificada con tus palabras. Siempre me atrajeron las mariposas justamente por todo lo que representan. Y la maternidad es tal proceso de metamorfosis que fue a partir de ella, que me sentí tan cerca de ser una crisálida. Es verdad que cambiamos pero nuestra esencia sigue intacta. La niña que fuí sigue ahí y la maternidad la trae al presente todos los días…
La fábula, que gran enseñanza. Siempre lo pienso cuando mi mamá me da sus consejos y me dice esto así no. Yo creo que necesito hacer mi experiencia sola, equivocarme si es necesario y aprender SOLA de mis errores para avanzar, para encontrar la salida. Muchas veces por sobreprotegerme, me han paralizado. Me volví una chica muy insegura y no quisiera que eso pasara con mi hija.
¿Cuál es el límite? ¿Dónde trazar la línea? Es una pregunta que me hago a menudo.
Me quedo con tu MADREleja (como diría la morada): el la lucha en sí misma lo que nos hacer crecer!!!
Gracias por participar en el #azdelamaternidad. Cada semana es un placer leerte, che!!!
Besote enorme ;-D
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¡¡Gracias, Pao!!
Gracias por animarme desde el minuto cero de la operación AZ!! 🙂
Y gracias por tus comentarios tan honestos y reflexivos. Yo también sentí en su día ese exceso de protección paralizante que tan bien describes.
Para aprender a volar no hay otra que saltar al vacío y eso da mucho vértigo, casi más al que se queda al borde del precipicio para ver si al otro le sale, que al propio que salta, que bastante tiene con controlar su adrenalina…
Hay que saltar y, llegado el día, dejar saltar a los demás (por mucho que a uno le cueste). Lo demás interfiere y desconcentra. Por lo menos así lo siento yo.
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Fíjate que esta fábula me recordó a otra menos poética: la del pájaro que se cae del nido y la vaca que le echa mierda encima. Efectivamente, cuántas veces creemos estar haciendo algo positivo, y lo que hacemos es meter la pata hasta el fondo! A mí también me preocupa bastante saber dónde está la delgada línea que separa la sobreprotección insana de la protección deseable y normal, veo este mundo tan injusto, esta sociedad tan podrida, y tanta cantidad de gentuza suelta, que a veces me dan ganas de construir un búnker bajo tierra y encerrarme con ellos 😦
Una entrada muy buena! Besos 🙂
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Cierto, María Isabel, a veces el mundo da miedo y dan ganas de esconderse. Se escuchan historias aterradoras pero me niego a pensar que la gente es mala. Estoy convencida que la gente buena es mayoría. Una mayoría silenciosa, que hace día a día lo que puede por mejorar su entorno.
Lástima que las buenas gestas pocas veces sean noticia pero no por eso hemos de pensar que no abundan.
Un beso y gracias por pasarte!! 🙂
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Si señora enhorabuena por esta entrada, ni que decir que es totalmente cierto todo lo que as explicado, sin duda el ser madre te cambia por completo y aprendes a ser mejor peesona si cabe !! Besos
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Bueno, y si no, por lo menos se intenta ¿no? 🙂
Gracias!
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Que bonita la fábula….nos has invitado a la reflexión más exhaustiva.
Un besazo
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Jaajaja… una elucubración más.
🙂
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Es que avanazar es cambiar, es crecer… ¡y es imprescindible! Así que ole por tu metamorfosis, y ojalá que vengan muchas más. Para ti y para todos. Son vitales.
No te había leído nunca y me ha gustado mucho. por aquí em quedo 😉 Un abrazo.
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¡Gracias Almu!
Tiempo atrás pregunté en una de mis clases (a chavales de 20-24 años): «Los cambios, ¿son buenos o malos?»
Yo esperaba que me dijeran que ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Me sorprendió que la mayoría (o muchos más de los que hubiera imaginado) respondieron directamente que son malos!! ¿Será que lo de que son una oportunidad de crecimiento es algo que sólo se aprende con el tiempo? ¿Será que nos hacemos más tolerantes a medida que envejecemos, que aprendemos a aceptar las cosas tal y como vienen? ¿Será generacional?
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Pero bueeeeeeeeno, Nuriaaaaa, querida. Estoy literalmente ojiplática ahora mismo. Qué pedazo de entrada te has marcado! Cuantas verdades juntas, qué belleza de metáforas, qué lección de vivencias, de consecuencias… Impresionada me hallo.
Es cierto, hablé de la metamorfosis de la maternidad pero desde otra óptica distinta, así que como bien dice la Morada, tu entrada la complementa, le da otro punto de vista, al que igual que la Transdeformación. Y por cierto, también veo claros puntos de conexión entre tu Crisálida y la Universoledad de la Morada. Niñas… esto es digno de estudio!!!.
Millones de gracias por formar parte de todo esto.
Un abrazo enorme!!
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¡Gracias a ti por organizar este berenjenal, Vero!
🙂
Me está encantando leeros y poder formar parte de un proyecto tan chulo y ¡tan interactivo! Como bien dices, unas entradas complementan otras y a pesar de que a menudo compartimos puntos de vista, le da mucha amplitud el estar redactado por tantas manos…
Compartir reflexiones y recibir feedback de forma tan simpática y respetuosa no es del todo habitual.
Un abrazo!!!
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Madredelamorhermoso, Nuria!!! Tengo los pelos de punta ahora mismo, hija mía… Por mí te daba el sillón de la C a dedimen ahora mismo, y me quedaba tan a gusto.
Nuestra querida Matermática trimadre también escribió la M de Metamorfosis, a la par que yo hice la T de Transdeformación, y ahora llegas tú y rematas con esta C de Crisálida. Huelga decir que me ha encantado, la fábula, la reflexión general y tu moraleja. Y estoy absolutamente de acuerdo en que hay que permitir que los hijos (que no son NUESTROS) vivan su camino en plenitud, pasen el necesario sufrimiento para comprobar cuán lejos son capaces de llegar y lo gratificante que es renacer, reinventarse, transformarse, adaptarse a la vida.
Enhorabuena, niña!!! Un placer tenerte aquí.
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Nieves!! Jaajajaja… Ni que decir tiene que me he ido de cabeza a tu T y a la M Trimadre…
Me quedo patidifusa leyéndoos y me alegro de no haber leído estas entradas antes de soltar la mía, sino tal vez me habría rajado y optado por volver a mi CAOS, ese del que escapé por los pelos. Creo que es innegable que la maternidad produce una transformación absoluta en la persona. Es muy curioso ver un mismo pensamiento exprimido desde diferentes ángulos ¿verdad? qué chulo es esto del #azdelamaternidad. 🙂
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