Mis niños (TRAGICOMEDIA, aviso)

febrero 10, 2014 § 16 comentarios

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Y no lo he titulado mis hijos porque técnicamente no todos lo son. Así que me limitaré a hablar de los niños que me traen loca. Los que llenan mi lavadora de calcetines, sudaderas que colores chillones y objetos no identificados. Los niños de mi vida.

Por orden de aparición en mi casa, que no en el mundo.

1. La de los 9 inviernos

Mi primogénita, nació una noche de luna llena coincidiendo con el mayor terremoto registrado hasta la fecha, desde 1964, que azotó (junto con sus correspondientes tsunamis) todo el sureste asiático. El desastre hizo desaparecer escenarios que yo había pisado tan sólo un par de años antes y con ellos todo mi pasado, porque mi yo de antes, la chavala que se miraba en el espejo pensando si se hacía la raya a un lado o no, dejó de existir para transformarse en un ente que jamás volvió a pensar siquiera en peinarse.

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Ella es la que me enseña a ser mamá. La que me enseña que no pasa nada por no saberlo todo, si soy capaz de admitirlo y documentarme rápidamente para regresar en un tiempo prudencial con una respuesta satisfactoria. La tranquila. La valiente. Mi única hija durante 6 años y medio, que pasó a ser la hermana del medio en cuestión de un año. Le salieron hermanos a porrillo y aún así supo hacerse a la situación y mantener el temple (más o menos). Me miro en sus ojos. Me guía. Me ha llenado las arcas de ternura cosa que me ha hecho más fácil ser madre del resto de mis hijos. Sin ella, todo lo de después habría salido mucho peor. Seguro.

2. El de los 20 minutos

Adam será para siempre mi bebé. El primer hombre. El bebé que no llegó a crecer. Nació a las 21 semanas de gestación. No puedo hablar de mis niños y no mencionarlo aunque para el mundo este niño jamás existió. El fue, con sus 20 minutos de vida, en mis brazos, durante los cuales lo único que oyó fue mi llanto desconsolado, quien me enseñó a aceptar la fatalidad de la vida. Bueno, hicieron falta tres años más y una piedra en mi riñón derecho (tamaño obelisco) para acabar de convencerme de que no se puede luchar contra molinos. Que no te puedes pasar la vida buscando razones o explicaciones, que a veces las cosas pasan sin que podamos comprender por qué y, lo que es peor, sin que podamos evitar que vuelvan a suceder.

Octubre es el mes del recuerdo. Octubre, cuando las hojas caen al suelo se topan con mi ánimo y se dejan pisotear junto a él por los transeúntes despistados (que, pobres, qué van a saber de dónde se halla mi ánimo). Los colores del otoño me devuelven su corta vida a la memoria. Su vida y su muerte que sucedieron en el tiempo en que otros se toman un café con leche con un cruasán. Tengo fotografías de él en un sobre cerrado. Quien las sacó me dijo que tal vez me ayudarían. Siguen dentro de ese sobre, que todavía no he sido capaz de abrir. No sé cómo definir a mi segundo hijo, que ahora tendría siete añitos. Ni tan sólo llegué a ver sus ojos. Durmió en mi pecho hasta que se fue y, aunque me juré que esto no pasaría, ya no consigo recordar su olor, ni su tacto… y nada me duele más.

3. El de los 2 veranos y medio

En la foto parece un macarra y bueno… la verdad: lo es. Para qué adornarlo. Es el sol de mi vida. Símbolo de la esperanza, de que dios existe aunque haya nacido de padre ateo y madre indecisa. Parido a las puertas de los cuarenta y prácticamente a las puertas del hospital. Desahuciada por las amorosas comadronas que tenían que recibirlo, tras dos semanas intentando provocar contracciones con cócteles raritos y achicharramientos de meñiques con puro (cigarro sospechoso cuanto menos… “huele comoooo pero no eeeeees” “joer que no, ya lo creo que esssss”), visto que allí no se asomaba nadie, se me quitaron de encima y me mandaron de cabeza al frío hospital (esto da para otro post).

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Cuando ya poca esperanza en embarazos teníamos, llegó él con un par de narices para gritarnos a nosotros y al mundo entero “dadme un NO, ¡que os lo devuelvo hecho trizas!”. Si mi primer hombre me enseñó la necesidad de la aceptación, el segundo me enseñó el valor de la lucha. Sueros, pinchazos y análisis de sangre desde el minuto cero y lo primero que hizo, al llamarle yo entre lagrimones “coladorcito mío”  fue reírse en mi cara (de la enfermera, está claro). A los tres meses ya se reía a carcajadas, de la vida, de la madre que lo parió y… de todo.

4. La de los 13 otoños

Esta niña, a la que tuve sentada en mi regazo cuando tenía tres años y que me prometió venir a verme un día (o eso creí entender yo) cumplió su promesa. Seis años más tarde entraba en casa para pasar sus primeras vacaciones con nosotros. Un verano, una Navidad, otro verano, una semana santa, otra Navidad… A los 12 se vino a vivir con nosotros durante un año, que está a punto de cumplirse y ya ha decidido prorrogar a tres. Esta niña que no lleva ninguno de mis apellidos (ni de mis genes, aunque alguna amiga despistada se empeñe en encontrar parecidos) es, como el resto, un regalo. Un regalo que no quiere hacerse la cama, ni poner la mesa, ni ordenar su habitación… una hija en toda regla, vamos. Que hace lo que de una adolescente se espera.

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Ella es quien, ajena a la tradición de los hermanos Grimm (por suerte), ha hecho de mi una madrastra en ciernes, que lucha contra corriente para intentar escapar (a menudo sin éxito) al hechizo de Maléfica. No soy malvada y parte de mi misión en el mundo es reivindicar el papel fabuloso que ejercen muchas madrastras, con niños a su cargo que otras parieron, en silencio y siempre bajo la mirada crítica del resto (que SÍ se han tragado el rollo de los hermanos Grimm de los cojones). Porque amigas, si os sentís juzgadas como madres… ¡no te cuento como madrastras! La madrastra es carnaza ideal de los malditos opinólogos. (Bibliografía ampliada sobre como hacerles frente aquí.)

Bueno, y después de cagarme en los prejuicios ajenos, me toca admitir que lo que esta niña me está enseñando es: que no hay prejuicios más peligrosos que los propios.

Me ha parecido apropiado añadir la palabra TRAGICOMEDIA a mi Diccionario de la Maternidad. Reconozco que no me he entretenido en su definición pero he tratado de ilustrarla con mis batallitas.

“LA MATERNIDAD DE LA A A LA Z” ES UN CARNAVAL DE BLOGS INICIADO POR TRIMADRE A LOS TREINTA EL OBJETIVO ES CREAR EN RED, UN “DICCIONARIO DE MADRES” CON EL QUE REÍRNOS, EMOCIONARNOS Y CONOCERNOS UN POCO MÁS. SI ESTÁS INTERESADA EN PARTICIPAR, TIENES TODA LA INFORMACIÓN A TU DISPOSICIÓN AQUÍ.

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§ 16 respuestas a Mis niños (TRAGICOMEDIA, aviso)

  • Nuria, no había leído esta entrada. Es preciosa, preciosos tus niños, y preciosa la forma de hablarnos de todos y cada uno de ellos. Con su lectura me has hecho pasar por distintos estados de ánimo y no he podido evitar llorar y reír. Un abrazo

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  • Nuria… Muchísimas gracias por este post. No solo me ha encendido el alma sino que me ha demostrado que mi visión es mucho más certera de lo que creo. No me equivocaba contigo… Más bien me quedaba corta. Tienes algo. Y en ese “algo” hallarás respuestas a muchas de esas preguntas dolorosas que te has tenido que hacer. La vida escoge muy cuidadosamente a aquellas personas preparadas para comprender, para aprender con rapidez, para evolucionar.
    Estoy muy emocionada por haberte conocido, de verdad.
    Un abrazo enorme.

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  • mariaddlor dice:

    Uaf, tienes desafíos por todos los frentes. Un placer conocerte 🙂

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  • Nu!!! Emocionada con este post… es bellísimo. Me encantó cada descripción. Cada vez que te leo se ponen en juego los 5 sentidos!!! Gracias por compartirlo!!!

    Un abrazoooooooooooooo

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  • remorada dice:

    Preciosos niños, precioso relato. De todo se aprende, sin duda, incluso al leer las historias de otros y ver que te tocan el corazón como si fueran de tu propia familia. Gracias por compartir todo esto. ❤

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  • Uf! Ya sé que habías avisado que este post tenía un punto trágico, pero es que hay cosas para las que una nunca está preparada. Luego las lagrimillas se han ido entremezclando con las de emoción y de ternura. Has sido muy valiente al compartir con todos estas experiencias tan personales, se nota que adoras a tus niños (el clan del gorro, a juzgar por la primera foto 😀 )!
    Y me han encantado los vídeos que has puesto en Youtube (el de las risas/susto en el balancín es buenísimo, y por cierto reconozco esa bolsa del Carrefour que aparece a la izquierda), y que sepas que mi Peque está empeñado en que tu niña (la de los 9 inviernos) es su prima Julia.
    Un beso muy grande!!! 🙂

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    • nurananu dice:

      ¡JAJAJAAA!
      Maria Isabel, vete tú a saber! igual hasta somos parientes (he estado a punto de poner parientas). Si nuestras hijos son primos, eso significaría que… eso nos convertiría en… ¿hermanas? 🙂 ¿Reconoces la bosla de Carrefour? Yo que pensé que estaba a salvo y jamás nadie iba a darse cuenta… jaja.

      AL RESTO:
      Muchísimas gracias a todas por vuestros bonitos comentarios y por todas esas referencias a cafés, cenas y GTs… Tendremos que ponernos al día con todo eso y más.
      😉

      Bueno, y aunque me haga la dura… que sepáis que vuestra cercanía me emociona. Besitos.

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  • paula sd dice:

    UF UF UF…….de la risa al llanto, a la risa, y al llanto…….
    Precioso el post, preciosos tus hijos. Preciosas tus enseñanzas.
    besos enormes

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  • Nuri!!! me has dejado los pelos como escarpias! LA piel de gallina, el corazón temblando… MARAVILLOSO cómo has descrito a tus niños!
    Un abrazo muy, muy fuerte

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  • Ruth dice:

    Collons Núria… m’has deixat de pedra. Un minut sense respirar tia.
    Wann un latte macchiato o un gin tonic?

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  • Alfa dice:

    Nena, los pelos como escarpias y lagrimillas asomando!!!!! Ya löo comentaremos en la proxima cena!!!! UN besote. Alfa

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  • Futura Mamá dice:

    Muy buen post. Y querría dejarte aquí unos pocos ánimos dispuestos a ser consumidos con cariño.

    Los has descrito tal cual se ven en las fotos, jajaja.

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  • Rocio dice:

    Hermoso lo que redactaste! me hiciste reir y llorar!!! te quiero mucho Nuria! y te hechamos mucho de menos!.

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  • laly dice:

    te quiero amiga

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  • Maruta dice:

    Bueno Nuria, yo no tengo hijos pero en estos momentos tengo los pelos de punta. Pedazo de post! Ole tus ovarios!.

    Un beso.

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