Yorokobi #AZdelaMaternidad

mayo 22, 2014 § 14 comentarios

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Para la Y de mi Diccionario de la Maternidad estuve dudando entre Yorokobi (que es una palabra japonesa) o Yecla (la bonita ciudad murciana) que es más nuestra, más castiza, más de la tierra.

Yecla, y el aroma de sus vinos, ilustrarían la falta de hierro permanente que padezco desde que mis hijos decidieron chuparme toda la sangre y por supuesto mi aprecio por la gastronomía nacional. Bueno nacional e internacional (pa que nos vamos a engañar), que yo me lo como todo, oiga. De pequeña era tímida y remilgada con la comida. con el tiempo degeneré evolucioné en un ser desvergonzado e insaciable. Una devoradora de restos. Da igual que no combinen los sabores. No soy francesa.

Indefectiblemente, Yecla me hace pensar en mi comadrona, Christiane, que me hacía tomar un vasito de vino tinto con una yema de huevo dentro. Era tirando a vomitivo pero, digamos que, por su alto contenido en hierro, venía a ser un lingotazo en toda regla.

Ella dibujó a mi hija sobre mi vientre con un pintalabios para mostrarme la posición en que se hallaba poco antes de nacer. Ella me acompañó durante las contracciones llevaderas y las menos llevaderas. Ella me montó en su coche cuando el parto se estancó y yo estaba muerta de agotamiento. Ella me llevó al hospital completamente dilatada en su coche, a riesgo de que se lo dejara hecho una pena. Ella se agachó conmigo en la escalera del hospital y pujó rezando para que mi hija traspasara el pantalón de chandal. Ella le dijo a la comadrona que nos recibió que yo quería un parto en casa, no medicalizado, y que por favor nos ayudara.

Ella me abrazó y me dijo mentiras piadosas como “no te preocupes que esto ya no puede durar mucho”. Ella le pidió a la otra que esperara que no llamara todavía al médico, que con ayuda de oxitocina sintética, lo íbamos a conseguir. Ella fue quien desenredó el cordón umbilical del cuello de mi hija para que pudiera salir. Ella puso su codo sobre mi vientre e realizó una maniobra que, aunque ahora sé que es discutible y arriesgada, en ese instante salvaje hizo que mi hija viera la luz de la sala (y yo la luz al final del túnel).

Ella recibió con asombro la cabeza de mi hija, me sonrió, casi tan exhausta como yo. Mi hija desde ahí abajo me miró con un punto de escepticismo que ha conservado hasta hoy. Y, tras estos intercambios en la pausa entre contracción y contracción, quedamos todos esperando la siguiente ola para lograr sacarla del todo. La siguiente contracción llegó y, con la potencia más salvaje que he experimentado jamás, mi cuerpo y el de mi hija dejaron de ser uno solo. Bueno, de hecho esto era una breve mención a mi comadrona, que me introdujo al asqueroso cóctel Ferreo, que de todo este rollo ya hablé aquí.

Yecla también me hace pensar en mi amiga A, que perdió a su madre cuando estábamos en la universidad. Éramos muy jóvenes y yo jamás supe muy bien cómo acompañarla en el sentimiento en su pérdida porque es un dolor que me resultaba, por aquel entonces, inimaginable. Creo que la primera vez que pude llorar de verdad con ella su pérdida y acercarme a imaginar su dolor fue después de perder yo a mi hijo.

El vino de Yecla (el vino en general) lo asocio a la alegría. No sólo a la alegría “vinícola”, también a la alegría profunda. A la alegría de vivir. No me imagino a Baco alzando su vaso de vino tristón. No. Me lo imagino muerto de risa, contento, satisfecho. Pleno.

Ahora, en un giro sorprendente, os diré que a pesar de que la conexión con Múrcia (y su vino) la llevo en mis venas gracias a una de mis bisabuelas maternas, he optado finalmente por utilizar la palabra Yorokobi. (Osea, técnicamente estoy haciendo trampa, aunque, con las licencias que nos hemos permitido con las letras chungas del abecedario, espero que no se note mucho) y, si eso, tened en cuenta que mi relación con Japón no es despreciable… Japón no fue un viaje, fue una vida. Allí llegué siendo una niña (como quien dice) y de Japón regresé madre (o casi, porque facturé para una persona pero en el asiento ya viajábamos dos). Además, también fue Japón el que me devolvió mi alegría perdida así que, aunque parezca cogido por los pelo, no lo está.

Yorokobi (喜び) significa ALEGRÍA.

mis hijos (y si hablamos de maternidades, hablamos de hijos) son mi alegría.

Alegría, por si alguien precisa de más datos, son las ganas de vivir. Alegría son ganas de mejorar. Son ganas de crecer y envejecer cerca de ellos para ver en qué se convierten, son ganas de quedarse aquí mucho tiempo… Todo el posible.

La imagen que ilustra esta entrada pertenece a
Carmen Harada
ESTE POST FORMA PARTE DEL PROYECTO “DICCIONARIO A-Z DE LA MATERNIDAD” IDEADO Y DIRIGIDO POR LA BLOGUERA 
TRIMADRE A LOS 30
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§ 14 respuestas a Yorokobi #AZdelaMaternidad

  • […] hija nació. Obviemos los detalles de su nacimiento y saltemos al día siguiente. Vino para quedarse y yo no tenía ni idea de NADA. Había leído […]

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  • remorada dice:

    これは喜びの歌です ❤

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  • Arusca dice:

    Ya estaba llegando al final y pensaba: “verás, que al final se lía con el vino o con Yecla o con lo que sea y no nos cuenta eso de Yorokobi”, jajaja… Qué giro le has dado y qué bien lo has acabado.
    Pero, ¿sabes qué es lo mejor de todo? Haberte leído pudiendo ponerte cara, haberte leído con tu voz, como si te mirara a tus ojos. Y todo gracias a Trimadre y su AZ (que ahora ya no sé si digo a-zeta o az, jajaja).
    ¡Un besote enorme, guapa!

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  • Uau, m’ha costat dos dies llegir aquest post mes els enllassos , tot per poder trobar un moment tranquil.la sense interrupcions. M’agrada moltissim com escrius. Aquest cop m’has fet sentir moltes emocions perque no havia llegit els teus darrers posts. Una abraçada

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    • nurananu dice:

      Irina, moltes gràcies! Me n’alegro moltíssim!
      🙂
      Gràcies per regalar-me el teu temps!! Hi ha tantes coses a fer i el temps és tant curt que m’afalaga enormement que hagis passat estones al meu blog. Una abraçada!

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  • Le habrás hecho un monumento a Christiane, ¿no? Propongo clonarla y que se le envíe una a cada embarazada junto con el ácido fólico. Cómo me alegra que hubieses tenido a una persona tan fantástica a tu lado!
    Y el Yorokobi pillado por los pelos me ha encantado! Es que significados aparte, esa palabra japonesa suena preciosa y alegre!
    Un besazo 🙂

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  • En esta entrada estoy viendo la posible Y del AZ… No te puedo explicar la emoción que me provocó leerla. No miento. Justo ayer entrevistamos a un partero en la radio y pensé en lo afortunadas que son las mujeres que pueden parir con un buen partero o una buena matrona que las cuide y las respete. Me emociona su tarea… ese afán por traer vida al mundo. Y la alegría es vida. Vivir intensamente y sentirse realizada a pesar de los obstáculos y errores. Me encanta tu yorokobi o yecla o alegría… Me encanta leer tu intensidad y entrega en cada línea. Gracias por esta magistral muestra de grandeza.

    Un besote enorme y un abrAZo de Yapa (con Y)

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  • Leticia dice:

    Mi queridísima Nuria, me encanta cómo escribes, te enredas, te desenredas y acabas llegando donde querías. ¿Será que aquí hay otra entusiasta de los laberintos?
    Seguro que vivirlo fue durísimo, pero leer tu parto no puede más que retrotraerme al realismo mágico sudamericano y eso me mueve tanto por dentro que te doy las gracias por compartilo.
    Geniales tus licencias, cuando menos te lo esperas en este blog hay dos por el precio de una.

    un abrAZo

    Pd.: Cada vez pienso más que escribimos parecido (eso me lo dijo alguien a quien le leí tu Zozobra y me confesó que hubiera pensado que era mía de no haberle dicho yo nada más empezar a leer que no lo era)

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    • nurananu dice:

      Muchas gracias por tus palabras, Let. Sabes que las aprecio enormemente!
      Qué compares tu escritura con la mía es un gran elogio para mí!!
      Besos enormes!
      🙂

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