C de CoraSón #AzdelaMaternidad

junio 26, 2014 § 14 comentarios

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Vas tú por el mundo tan pancha enamorándote(*) por doquier de la gente cuando, de repente, te ves incrustando en una frase la palabra “coraSón” dirigida a un alemanote buenorro, de ojos bonitos.

Eres una loca inconsciente.

Diez años más tarde te percatas de las consecuencias de tu hablar incontinente, cuando en plena construcción de castillo y con arena hasta las orejas, a dos metros de ti sale del agua un adonis de pelo canoso y barriguita incipiente, que tiene los mismos ojos bonitos del chico aquel de torpe (aunque bienintencionado) bailar.

Quién te ha visto y quién te ve, CoraSón. Quién nos lo iba a decir. Quién habría adivinado que aquel par que hacía el loco en los montes de Kyoto y en las playas de Sado se convertirían, con el tiempo, y unas cuantas cañas, en padres hacedores de castillos en playas de tarraconenses.

CoraSón, tú no lo sabes porque no lees mi blog. Jamás. De hecho… ¿sabías que tengo un blog?

Tú no lo sabes (porque aún en el remoto caso de que te lo hubiera contado, ya no lo recordarías).

No lo sabes pero en este blog (además de escribir paridas) me he dedicado a desgranar mi maternidad. Letra por letra, he montado mi propio diccionario de la maternidad, contándole a quien me quiera leer lo que este viaje está siendo para mí.

Y, claro, llegados al punto de adjudicar la C, no te he podido obviar, CoraSón, por razones más que evidentes. Aunque (sabiéndote enemigo de las explicaciones vagas) te veo muy capaz de preguntarme que “a qué me refiero exactamente”. Te lo diré.

Me refiero exactamente a esas cuatro paternidades que compartimos (y el compartimos me vale como presente y como pretérito indefinido).

En las cuatro tuviste algo que ver. En alguna incluso más que yo… Y son estas:

1. La Maternidad “Sorpresa”

Esa que te comuniqué por fax, con un dibujito que no entendiste. Un muñeco de palotes con un muñequito de palotes en su vientre conectados los dos por una línea rizada, que no pretendía ser un cordón de teléfono sino un cordón umbilical… ¡y no lo entendiste, hombre de dios!

Esa que le dio un disgusto (breve) a mi madre y una gran alegría (contra todo pronóstico) a mi abuela. Esa que provocó un trayecto nocturno de urgencia al hospital por ataque de ansiedad. Que ahora me da risa pero juro que me ahogaba. Tanto, que llamé a mi vecina china y le pedí socorro porque creía morir y no era plan… que lo que tocaba era apechugar.

2. La Maternidad Dolorosa

La maternidad buscada. La segunda. La que fue tan breve que todavía duele. Nuestra cicatriz. Mi martirio. Mi ristra de culpas. Mi colección de por qués. Mi llanto. Mi niño. Mi zozobra. Nuestra separación. Nuestros pensamientos des-encontrados. Nuestras búsquedas particulares.

3. La Maternidad Milagro

La que llegó tras el sufrimiento. Tras años procesando el dolor de la pérdida. Tú y yo viviendo en lugares (mentales y físicos) diferentes. Nuestra familia partida en dos. Estrés, enfermedad, cirugía, tiempo… ese “tiempo que todo lo cura” que no jugaba en nuestro favor. Cuando tanto mente como cuerpo estuvieron finalmente preparados, llegó esta tercera maternidad como un milagro arrollador. Nuestro reencuentro. Nuestro niño. Alegría en vena para nuestra malherida familia, que se instala en una nueva ciudad y en una nueva vida.

4. La Maternidad Kármika

Mi cuarta, tu primera. Esta es más tuya que mía pero de un tiempo a esta parte la compartimos y con ella la naturaleza parece querer compensarme por aquella que me arrebató. Que nos arrebató. Tres quise, tres tengo.

Mi cosmos parece estar en orden. Aunque no es exactamente como lo imaginé, tengo lo que pedí y me siento agradecida.

Por eso, CoraSón, por esas cuatro razones (y tantos otros arrebatos) no podías faltar en mi diccionario que, por pueril que a ti te parezca, me ha ayudado a poner las cosas en perspectiva (y a reírme de mi propia seriedad).

Ich liebe dich, nene.

(*) platónicamente, se entiende, que mi currículo amoroso es tirando a escaso. Un día en un desayuno a lo Sex &theCity, con tres amigas, quedó patente mi parca vida amorosa. Lo que se llegaron a reír las jodías.
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