Un calendario de adviento con efecto retroactivo

diciembre 8, 2014 § 24 comentarios

¡Marchando una de DIY!

Las fotos más abajo 😉 Paciencia, que ahí va la intro.

Un día lluvioso, tras otro. Desespero en casa. Un montón de pantalones irrecuperables que tu incipiente síndrome de Diógenes te impide tirar a la basura. Ya no son regalables, ni recuperables. Son de tercera o cuarta mano pero les tienes apego. (Te lo vas a tener que hacer mirar). Sabes que no eres la única obsesionada con los putos tejanos. Aún así, nunca encuentras el momento.

Pero el momento llega un día, agazapado detrás de un montón de ropa por lavar, te acecha y te salta a la yugular en forma de llanto infantil. “No tenemos calendario de advientooooooo”. Miras a los lados y te preguntas azorada, quién diablos se inventó eso del calendario de adviendo. Como si el mes de diciembre no estuviese ya suficientemente preñado de derroche (a las navidades de dos países, añádele dos cumpleaños). Sólo te faltaba esto.
El llanto infantil.
Y la lluvia.
Y los montones de ropa.
La que está por lavar.
La que está por estar.

Ha llegado el momento y lo sabes. Caminas hacia el armario y una gota de sudor resbala por tu frente. Ahí está. La máquina de coser que te regaló tu madre. Que se la pediste tú, no te hagas la loca. La sacas, le quitas la funda (y el polvo) y la instalas sobre la mesa del comedor. Voces infantiles gritan “¡¡Sí!! ¡¡Sí!!” y eso atenúa un poco el cielo mortecino y el espíritu grisáceo que te ronda.

Ea, si hay que ir… se va.
Y tú, ahora lo sabes, estás dispuesta a ir.

Aguja. Hilo. Tijeras. De punta pincho. De punta roma. De la cocina. Cartulina. Los susodichos pantalones y ese montón de manitas.
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Atrévete. Dale. Corta. levas taaanto tiempo esperando este momento. Da igual si queda un churro. Tus hijos tendrán calendario de adviento, que es lo único que te importa en esta mañana lluviosa de diciembre.
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Una vez has recortado los bolsillo (recuerda que necesitas veinticuatro) los distribuyes como buenamente puedas sobre la mesa y cuando lo ves más o menos claro. (Lo del “más o menos” es importante, porque claro del todo no vas a verlo nunca. Esto es como la vida misma). Dale. Sin miedo. Cose. Qué puede salir mal. Cose como si no hubiese un mañana y preocúpate sólo de no coserte un dedo. Tu hija, la mediana, querrá probar. Déjala. Ayúdala y sobretodo, alértala sobre el peligro de coserse el dedo. Es lo único que importa. Eso y que lo terminéis antes de fin de mes.
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Sus manos son delicadas y habilidosas. Aprovecha para sacar una foto y plantarla luego en el blog.
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Vas a necesitar números. Muchos. Esta tarea la dejas en manos de tus niños porque, no nos engañemos, la atracción que genera una tijera en un menor de edad es algo altamente inexplicable.
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Te ayudarán encantados y, lo más importante: estarán un rato entretenidos. Y estarán juntos porque las tijeras, a pesar de lo que muchos piensen, unen. Nenes pequeños, preadolescentes o adolescentes… todos son felices tijeras en mano. Es un fenómeno que tendría que estudiarse a fondo, si no lo ha hecho ya alguna universidad americana, de estas que avalan las estupideces que publica Yahoo.
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Al día siguiente, tras una noche de retoques mientras ves por enésima vez una reposición de Matrix (y coses dos veces el 19), faltarán todavía algunos retoques pero tu mediana te ayudará. Mientrastanto, la mayor perseguirá al pequeño, que estará ya hasta el gorro de tanta pretecnología.
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Listo. Sólo te queda colgarlo en la pared y llenarlo de golosinas para los golosos y, copiándole la idea a Arusca, añadir algunas notitas con acciones tipo “dale un abrazo al primero que te salga al paso” (en casa, se entiende).

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Y por supuesto, la última acción. Sácale una foto a vuestra obra antes de que aparezca hecha una pelota debajo del sofá.
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Y la historia tuvo final feliz porque los niños del cuento pudieron estrenar el calendario a día 6 de diciembre ¡y con efecto retroactivo! Lo cual significa que en un día vaciaron seis bolsillos.

La nota tierna la ha puesto mi hijo esta mañana cuando me ha dicho. “Mama, estos pantalones no me los cortes ¿eh?” (Un escalofrío me ha recorrido la espalda al pensar los efectos catastróficos que esta acción puede acarrearme. Glups.)

¿Qué dices? ¿Te gusta la idea? Estoy segura de que un par de pantalones irrecuperables en tu casa encuentras…

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