La anestesista, la peluquera y yo

junio 15, 2015 § 6 comentarios

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Y no. No es un chiste. Es más bien una reflexión post-insolación.

Tengo dos amigas nuevas. Tienen en común que son rubias, que son alemanas y que todavía no las tengo en Facebook (je!).

Una es mi vecina, mama del coleguita de mi hijo.

La otra es mama de su mejor amiga del “cole”.

Las dos son muy diferentes. El punto en común es que con ambas he mantenido largas conversaciones los últimos días hablando de todo y de nada (aunque más bien tirando a todo).

Ambas relaciones nacieron de forma independiente pero más o menos a la vez. Nuestros hijos se divierten juntos y nosotras hemos quedado un par de veces para que jueguen. Con las dos ha surgido en seguida a la conversación el tema candente de la difícil conciliación de la vida familiar con la vida profesional, cuestión universal donde las haya.

La anestesista

Trabaja dos días a la semana jornadas draconianas y libra los otros tres para hacerse cargo de sus hijos y cubrir los viajes de negocios de su marido. También hace turnos de fin de semana y así se organizan. Son un equipo y se complementan.

Parece que a su nuevo jefe la mecánica del equipo no acaba de gustarle y se avecinan cambios en el hospital. Ella tiene clarisimo que “colocar” a sus hijos, no poder ayudarles con los deberes, no poder estar presente en su día a día NO es opción.

Tampoco le gusta el ritmo frenético al que la obligan a ejercer su trabajo. “Poner a una persona a dormir” (con esa ternura lo dijo) es algo que hay que hacer con cariño y no con alguien mirando por encima del hombro, porque te tomas más tiempo del que “deberías”. Hay personas que se angustian frente a la perspectiva de una operación y es preciso atenderles con tranquilidad.

Antes de migrar a un horario incompatible con su vida familiar o de trabajar en contra de sus principios, está dispuesta a romper con el status quo y reorientarse profesionalemente. ¿Te suena? Según me dijo, en estos momentos tiene la mirada puesta en los cuidados paliativos.

La peluquera

Vive en la puerta de enfrente. Llegó hará 4 años con su bebé de 6 meses. (¿Cómo hemos tardado tanto en romper el hielo?)

Llegó con su hijo (que se lleva casi un año con el mío) y la soledad que te deja una relación breve que te da fruto y las buenas tardes. Llegó con un empleo de peluquera dificil de compaginar con su nueva situación y con la voluntad de sacar adelante a aquel bebé.

Su cuñado le propuso llevarle las cuentas del restaurante y ella se puso a estudiar contabilidad. En medio año, disponía ya de un horario flexible. Ahora puede incluso llevarse el trabajo a casa y terminar por las noches lo que haya podido quedar pendiente, después de acostar al peque. Los fines de semana sigue ofreciendo de forma esporádica sus servicios a novias que quieran ponerse guapas.

Con lo del estilismo, como autónoma, disfruta y obtiene ingresos extra pero le resultaría inquietante depender sólo de ello. De la contabilidad vive, le da estabilidad y encima… ¡ha descubierto que le gusta!. No es fácil pero vive de la manera que quiere: teniendo tiempo para su hijo. Mientras me lo explica, se le escapa más de un bostezo.

La cuestión

Las acabo de conocer y han bastado un par de tardes para llegar a abordar el tema, que hoy en día a ninguna mujer deja indiferente.

No paro de pensar que, aún procediendo de lugares y contextos diferentes, a todas nos mueve el mismo impulso. Nuestro sentir es uno. El mío, el de mis amigas. En mi país de origen. En mi país de adopción…

Pienso que en una lucha común, deben pesar más los parecidos que las diferencias.

No queremos trabajos incompatibles con nuestra vida. Esa vida nuestra única e irrepetible que es (por fin) prioritaria y la razón de todo lo de más.

Debemos por un lado reclamar mejores condiciones a empresas e instituciones, sí. Debemos exigir modificaciones en el sistema, vale. Pero eso no basta. Debemos también buscar soluciones creativas particulares porque, al fin y al cabo, son los pequeños cambios los que mueven el mundo. Y en el proceso quizás descubramos que NO es preciso cambiarlo todo. Tal vez con minúsculos reajustes en nuestras rutinas, podamos lograr grandes efectos. En todo caso, no pierdo la esperanza.

Reclamar a otros que cambien sus expectativas, concienciar al mundo… Es necesario. Indiscutible. Pero la mejor estrategia es, probablemente, arremangarnos e iniciar el cambio nosotras mismas.

En palabras de mi abuela: “a Dios rogando y con el mazo dando”. ¿O no?

Oye ¿y en la foto por qué sale un señor, en lugar de una anestesista guapetona o una peluquera maciza?

Pues porque la famosa conciliación, no sólo es cuestión de un pelotón de @malasmadres locatis… Es algo que afecta al grueso de la sociedad. Juntos podremos.

En soporte a la campaña #CONCILIA13F

THE IMAGE ABOVE BELONGS TO MARTEN VENNELIN

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§ 6 respuestas a La anestesista, la peluquera y yo

  • remorada dice:

    y eso que vives en alemania, allá flipaba con las facilidades que tenían mis amigas para compatibilizar los horarios y seguir teniendo una vida más que digna! aquí es más difícil, en Perú ni te digo…

    pero bueno, como me suelo ir por la tangente, yo había escuchado ese refrán en un contexto diferente, no en plan “pide a dios mientras trabajas por conseguirlo” sino “gente hipócrita que pide a dios cuando ellos maltratan al prójimo”

    me gusta más tu versión, ciertamente!

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  • Merakk Luna dice:

    Ay Nuria!!! Que me encanta, como siempre, lo que cuentas y como lo cuentas. Al final, da igual de donde vengamos. La vida, el trabajo y la maternidad nos ponen siempre en la misma disyuntiva allá donde estemos: la cuadratura del círculo. Me quedo con la reflexión que haces, con eso de que además de concienciar a los demás debemos empezar por asumir nosotras mismas hasta donde podemos/queremos dar… Yo siempre os lo cuento, mi renuncia de jornada me dejó un poco más pobre pero infinitamente más feliz.
    Besitos

    Le gusta a 1 persona

  • paula sd dice:

    Tienes más razón que un santo. La realidad supera la ficción

    besos

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  • rizosypicoso dice:

    Totalmente de acuerdo! conciliar es bueno y necesario para tod@s, los peques hacen parte de nuestra vida y viven en esta sociedad, nos necesitan a tod@s…así que a ver si las empresas se enteran…serán los trabajadores del futuro!

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  • madrexilio dice:

    ¡Ay Nuria, que me agarras en un día de esos que cestoy a 3 de renunciar al trabajo, a mí no me dejan en paz ni cuando estoy de vacaciones! La pregunta es la misma para mí, para ti y para todas las mamás que trabajan… Ajá, renunciamos muy valientes ¿y después? da miedo, es acojonante. Sabemos que no es solo un tema económico, es decir, hay casos en los que un solo sueldo basta, pero eso no quiere decir que una no quiera trabajar. Pues no, y la sociedad no acaba de entenderlo, sobre todo en ciertos mundos profesionales, el tema de tener hijos no es solo un tabú, si no parece que fuese un pecado. Hay días más duros que otros… ¡Ánimo! y sigamos luchando por cambiar aunque sea de poco en poco.

    Un abrazo desde Budapest

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    • nurananu dice:

      Cuando hablo de renuncias me refiero a cosas como:

      El coche. Cuando trabajaba precisaba de un coche para ir a hacer visitas de obra (tú sabes lo que cuesta mantener un coche ¿no? parquing, seguro, reparaciones, gasolina…)
      La ropa. Necesitaba ropa (porque por más que me plantara en vaqueros haciéndome la loca cada dos por tres… los días de oficina, como que no les molaba).
      Los cursos. Necesitaba pagar por actividades extraescolares para mi hija, actividades en verano para cubrir esos meses… (¿cuántos hijos, uno, dos, tres?)

      Al final, un día haces cuentas y dices “pa lo que me queda limpio al final, nos ajustamos el cinturón y ahorramos por otro lado”. Fuera.

      A eso me refiero, cuando digo renuncias no quiero decir que otros renuncien a lo que yo tengo. Hablo de renuncias que he hecho yo. Poca ropa, una bicicleta con una sillita para llevar y traer al peque, 3 niños en una habitación, zapatos los justos y necesarios, helados de 1 bola en lugar de 3 ;-), diversion asequible… Ir a un parque es gratis. Ir a casa de amigos o que vengan a tu casa también.

      No se. Se trata de ingresar más… o de gastar menos o de encontrar el equilibrio en algún punto. Cada cual sabe las concesiones que está dispuesto a hacer.

      No dudo de que en muchos casos manda la necesidad. Pero en otros muchos creo que existen alternativas que a menudo no se contemplan. El caso es estar dispuesto a inventarse la manera de vivir con menos (con mucho menos).

      Madrexilio, lo que sea será para bien. Con la energía y el gancho que tu tienes! Una renuncia no es una derrota. Es un pasito p´alante. Te lo digo yo. 🙂 Un besito

      Le gusta a 2 personas

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