A lo grande pero despacito

enero 25, 2016 § 10 comentarios

Esa manía que tenemos de querer hacerlo todo a lo grande… nos hunde. Ese “todo o nada”. Ese “para hacer esta cagada, mejor no hagas nada.” Qué desalentador. Harta estoy ya de historias de éxito repentino que no lo son, señores. Porque, por lo general, detrás de una historia de éxito “repentino” hay mucho, pero mucho, trabajo.

Talento vs. Trabajo

No se trata de ser un lumbreras, se trata de ser un currante pero parece que ir de currito es menos estiloso. Mejor ir de mente brillante… y hundir a la peña en la miseria de su mediocridad. Cuánto daño están haciendo todas estas historias de éxito de pacotilla. En serio, ya está bien. Y no. No es palabra de envidiosa. No, no… Es que ya está bien. Que nuestros hijos se lo creen y crecen en los mundos de Yupi. Y no solo nuestros hijos, que a nosotros también nos queda todavía camino por recorrer.

Aristóteles lo dijo muy bien: “Somos aquello que hacemos repetidamente. La excelencia, pues, no es un acto, sino un hábito.” Y Picasso insistió en la misma dirección: “si viene la Inspiración, prefiero que me pille trabajando.” Pero si ni siquiera los creyentes dejan el éxito en manos divinas: “A dios rogando… ¡y con el mazo dando!” Sí, puede que todo esto suene a vieja escuela porque ahora parece que todo se hace sin esfuerzo. Apretando un botón. Y no es cierto. Nos toman el pelo.

Hay que rescatar la cultura del esfuerzo. No me entendáis mal. Con esfuerzo no me refiero (necesariamente) a sufrimiento. No quiero que la gente sufra pero… Un ejemplo: el que llega a dibujar muy bien es porque lo hace sin parar. Normalmente, eso tiene que ver con que lo hace a todas horas porque le gusta. Disfruta con ello y, por tanto habrá, quien no lo considere esfuerzo. Estoy de acuerdo. No le llamemos esfuerzo entonces. Llamémosle práctica, trabajo, hábito, repetición, constancia…

El caso es que queremos empezar a lo grande. Publicar un libro y que sea un superventas. Intervenir en una película como actriz principal, claro. Montar una empresa y que salga adelante a la primera y, puestos a pedir, sin inversión inicial.

Esas maravillosas ideas sin materializar

Tenemos ideas fantásticas y maravillosas y, por “alguna extraña razón”, no parecemos saber llevarlas a cabo. Esa ópera prima que ha de garantizar nuestra entrada triunfal, demostrando lo que valemos, cuesta de materializar. Uno le da muchas vueltas  y suda mucho, cuando no se permite otra cosa que un do de pecho. Y terminamos descartando ideas prometedoras antes de echarle todas esas horas que requeriría el proyecto porque, claro, no hay garantía de que vaya a salirnos bien ¿verdad?

¿Quien dijo que la vida venía con garantía?

Es tan grande el miedo a no estar a la altura que mejor decimos no. Lo posponemos para un mejor momento, en que estemos más inspirados, en que sepamos más… La semana que viene, que podremos volver a repasar los apuntes. Mejor hacemos un máster de no se qué, que nos dará no sé qué otra destreza… Lo que sea. Excusas para posponer el momento de lanzarse a piscina. No vaya a ser que fracasemos estrepitosamente. ¡Oh! qué gran drama fracasar. Qué gran drama no recibir una gran ovación del público. Si no me aplauden, no juego.

No me arriesgo a quedarme sin aplauso… Mejor no hago nada.

O mejor todavía: Sigo haciendo lo que hasta ahora. Soñar. Sí. Seguiré soñando en que si lo hiciera, podría hacerlo mejor que los que lo están haciendo. Que no lo hacen del todo bien, a mi modo de ver.

¿Pero sabes qué? Que ellos lo hacen Y TÚ NO. Con cada paso imperfecto que dan, trabajan sus habilidades y mejoran un pelín. Día tras día, intento tras intento, se acercan lentos pero seguros a la maestría con la que tu solo te atreves a soñar. Esperar solo sirve para engendrar nuevos miedos. Es momento de empezar a cubrir pequeños retos, a modo de entrenamiento.

Un poquito cada día. Sin más pretensión que cumplir ese pequeño reto de la forma más elegante posible. Un pequeño reto diario que te ponga en la dirección correcta. Una gimnasia rutinaria que haga que eso que quieres hacer bien, te cueste cada día un poquito menos. Dale. Un poquito cada día y volvemos a hablar en un año. Que Roma no se hizo en un día…

¿Será que de verdad podremos alcanzar nuestros grandes sueños con pasitos pequeños?

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§ 10 respuestas a A lo grande pero despacito

  • remorada dice:

    creo que de esto hemos hablado en persona alguna vez x)

    una vez, esther gili (que es buenísima en lo suyo, eso es innegable!) dijo una cosa que se me quedó grabada a fuego: “yo no quiero ser mejor que nadie, solo quiero ser mejor que ayer” ❤

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  • silvia dice:

    Hombre!!! Ya era hora de leerte por aquí!!!
    Me encanta, curranta!!! Yo sé que tu harás algo grande. I love you Nuria.

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  • Azul Celeste dice:

    Muy cierto amiga, como decían los amigos de burbujas:
    ♫Todo es cuestión de practicar
    y en el clavo dar
    hasta que un día lo que inventaste
    empiece a funcionar♪
    Constancia, esfuerzo y dedicación, no queda de otra.

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  • Me ha encantado la entrada y es que estoy totalmente de acuerdo contigo. Me viene a la cabeza una anécdota de cuando estaba en segundo de BUP. Teníamos un examen de latín y alguien había escrito en la pizarra con letras grandes “SUERTE”. El profesor, al entrar en clase lo vio, lo borró y escribió también con letras grandes “ESFUERZO”. Ese día nos dio una gran lección.

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    • nurananu dice:

      ¡Qué gran salida la de ese profe! ¡Porque acciones como esa marcan de por vida! Y olé por ti que supiste hacer tuya la lección. Muchos son los expuestos, pocos los que absorben el mensaje. 😉 Gracias por comentar. Siempre es bonito saber que hay alguien al otro lado.

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  • Pasito a paso, de a poquito y con constancia.

    Pero es que nos refriegan tanto éxito por las narices que una se frustra.

    ¡Qué bueno que hayas escrito este artículo! Así sigo como hormiguita contenta, un día más, un poquito más, un pasito más. 🙂

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    • nurananu dice:

      ¡Claro que sí! ¡Que no se pierda el valor de las hormiguitas! Que ya cansa tanta ascensión espumosa. Todo triunfo conlleva un trabajo previo y ocultar este hecho es contraproducente.
      ¡Que no nos vendan más motos! 😉

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