La vida de los otros

enero 26, 2016 § 2 comentarios

vieja-visillo

El triunfo de las incontables ediciones de Gran Hermano (y sucedáneos), la tirada de la prensa amarilla y las revistas del corazón, canales en youtube que muestran vidas ajenas, programas de destrucción masiva como Sálvame (aunque quienes los dirigen se hagan llamar periodistas), etc.

¿Por qué nos atrae tanto la cotidianidad ajena? ¿Por qué nos interesa tanto la vida de los otros (gran película por cierto)? Si es anodina, bien. Si es sórdida, mejor. Si raya lo criminal, la bomba. Petamos la audiencia. En serio. ¿Cómo puede ser que seamos tan cutres? ¿No hay otras fuentes en las que beber ni otros espejos en los que mirarse?

La vieja del visillo que llevas dentro

El fisgonear tiene ese punto adictivo. Si empiezas a ser cotilla, descubrirás que se trata de un oficio a jornada completa. Vas a ser cotilla de lunes a viernes, en fin de semana y fiestas de guardar. Nada te podrá detener y toda la información será poca para saciar tu sed de “conocimiento”. Necesitarás más. Puede ser, incluso, que en un momento dado lo cierto y creíble no sea suficiente y necesites más.

Lo que está claro es que nos encanta resolver la vida de los demás, mientras permanecemos, como observadores impasibles, ante nuestra propia realidad. Esa que es inamovible e irresoluble. Porque qué pereza cambiar tu vida ¿verdad? Mejor rajar del resto, de quienes llevan la vida que quisieras llevar tú ¿eh?

¿Por que nos resulta tan fácil resolver los problemas ajenos y tan dificil tomar las riendas de nuestra vida? Tal vez, si lo hicieramos no tendríamos tiempo para avasallar al prójimo con consejos no solicitados, entretenidos como estaríamos con lo nuestro.

Llego a la conclusión de que el exceso de datos nos supera. Claro, si pensamos en la vida de los demás, tenemos menos datos a mano: menos matices, pocas variantes, menos dudas y cero incógnitas. La vida de los demás es clara y cristalina. Con esa escasez de datos que barajar, es fácil hacer un esquema mental de la situación y encontrar una solución teórica relativamente simple. Y ese pensamiento me arrastra de nuevo hacia el tema que me absorbe últimamente:

Una vida minimalista ha de ser a la fuerza más sencilla de vivir. Cuantas menos cosas de por medio, menos decisiones que tomar. Más espacio. Más clarividencia. Si reducimos los factores a tener en cuenta a la hora de tomar una decisión, la ecuación es más sencilla de resolver.

Parece que da igual hacia adónde mire, todo me conduce a lo mismo: A reducir, a simplificar, a eliminar lastres superfluos que nos producen bloqueo físico (por el espacio que ocupan) y mental (por lo mismo).

Ya lo decía Mies van der Rohe: Menos es más.

Imagen: Silik

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